A LAS ALMAS QUE TANTO SUFRIERON.

A LAS ALMAS QUE TANTO SUFRIERON.

Ego

     En el extremo de la escala de la experiencia humana, a veces, despunta la destrucción. Como ser humano, te encuentras ahí, en un punto de la escala. Un día naciste a esta vida con la intención de elevar tu condición humana, pero una vez que llegaste, se te olvidó la intención, y a veces desde el primer aliento de vida, tu pureza fue afectada. Sigamos un poco esta trayectoria y luego mirémosla de más cerca.
Quisiste trascender tu mirada en el umbral de tu encarnación, y así iluminar todas las miradas que contigo se cruzaran en este mundo. Elegiste las condiciones que te permitirían este trabajo, evaluaste exactamente las capacidades que necesitabas para ello y programaste tu vida poniéndote sobre los hombros sólo lo que pudieras soportar. A continuación, naciste, pequeño ser, puro ofrecido al servicio de su ideal.

Por aquél entonces comenzó la difícil experiencia que, por supuesto, iba a alterar tu luz. Así, como un pequeño ser que eligió iniciar su vida en el dolor, te construiste en torno a la necesidad de sobrevivir; desarrollaste mecanismos sutiles y complejos mucho más allá de lo que eras consciente para mantener una apariencia de equilibrio en el universo, a veces caótico, en inmersión total. Lo que llamo un equilibrio de supervivencia…
Por lo tanto, en este contexto todo lo que conformaba tu personalidad – el Yo, el ego – fue reunido y entremezclado con los problemas de tus carencias, de las creencias que habías aprendido y de la violencia que habías recibido. Bajo los golpes, hiciste lo posible para seguir vivo y ser capaz de seguir viviendo. ¿Quién podría culparte hoy? ¿Qué ignorante podría decirte que no hiciste lo correcto?, ya que todavía estás aquí, vivo, y lo más importante, capaz de imaginar una vida mejor.
El equilibrio de la supervivencia está en el ojo del ciclón en el que vives desde que vislumbraste el primer claro dentro del caos. Un oasis movedizo que has de seguir en su movimiento desordenado. Sin embargo, a tu alrededor, persiste el tumulto que te trajo allí, y en ti, profundamente, las lesiones sufridas gritan recordando el maltrato inflingido en el torbellino destructivo. En el ojo del ciclón te encerraste y tu equilibrio de supervivencia se pone en peligro cuando te distancias. En el suelo , la Tierra que te sustenta, bebe de tu sufrimiento y te apoya; el cielo es una salida de emergencia que elegirás si desfalleces. Esta salida te alejará del mundo al que viniste para traer tu luz, la cual será una evasión desesperada aunque hayas elegido la puerta iluminada de la trascendencia.
Para encontrar la serenidad, y la alegría que la acompañan, tienes que ser libre y salir de tu encierro; tomar el camino de la libertad exige de ti un gran valor, tras haber conseguido tu equilibrio de supervivencia en pruebas sin fin. Sin embargo, como broche final, no se trata ya de tu supervivencia en cuestión, sino de la Vida.
Luego la cuestión es elegir, tú que viviste un propósito de vida tan doloroso, si prefieres permanecer encerrado en el equilibrio de supervivencia que anima tu Yo hasta tu último día de presencia en la Tierra, o en cambio, si respondes a la llamada de tu alma que llega para recordarte lo que viniste a hacer, aquí abajo, por ti y por los otros. Ya que lo que haces por ti mismo, lo harás por todos.maxresdefault
Hasta ahora, para mantener los latidos de tu corazón, has construido tantas defensas, que éstas se han convertido en un automatismo del que no tienes la menor conciencia. Dependiendo de las condiciones que elegiste para nacer, estos mecanismos han hecho de ti, víctima o verdugo, presa o depredador. En esta etapa final del experimento, típicamente patriarcal, con más frecuencia lo femenino encarnaba a la víctima mientras lo masculino al verdugo. Así, en las pequeñas cosas de la vida, en tus actitudes en relación a todo, en conductas que determinan tu personalidad, respondes a las solicitaciones de un corazón que se duele de todo lo que le faltó, y de todas las lanzas que penetraron su vulnerabilidad. Estos dolores se impusieron en ti, de tal manera, que muy pronto se convirtieron en la energía que te fue necesaria absorber para sobrevivir, a falta de tener otra al alcance. El sufrimiento se convirtió en tu savia, ahí donde el amor se había apagado. Muy a pesar tuyo, te referiste al sufrimiento para existir. Ante la falta de amor, los golpes recibidos te acordaban mayor existencia que el vacío. Por fin, pensabas, una mirada era para ti.
Creciste así, sustituyendo cada día, estrato tras estrato, con más profundidad, el sufrimiento al amor. Aun si el camino fue largo, llegaste a confundir los signos del interés destructor que te ofrecían con una forma de expresión de amor. Superficialmente te contentas todavía con esta ilusión, ya que sirve para el equilibro de supervivencia, pero más profundamente no puedes ver el amor si tú no te quieres a ti mismo. ¿Cómo habrías podido, tú, al que destruyeron la pureza y fue destruido de buena hora y con tanta violencia?, ¿ el que tuvo que sobrevivir reemplazando lo que se le daba por lo que le habrían debido dar si hubiera sido amado? No tienes nada que reprocharte, pequeño Ser. Tu camino hacia la realización de la obra de vida que elegiste pasaba por ahí. La etapa final sigue siendo trascender todo esto. Si has podido leer estas líneas y te has reconocido, puedes elegir, ¿voy a armarme de valor hasta amarme y por fin vivir?, o, ¿voy a abandonar aquí, agotado como estoy?
guerreros del arco iris En el precio de este último esfuerzo reside la libertad de ser por fin uno mismo, de reactivar en lo más profundo de tu ser, la luz indestructible que llevas desde el principio. Se pueden destruir muchas formas de expresión, pero jamás la esencia de las cosas. El amor dentro de ti, nunca fue afectado por tu experiencia. son las formas de tu expresión a través de ti que han sido devastadas. Si eliges tu liberación, si decides salir permanentemente del ojo de la tormenta, aunque de nuevo puedas atravesar brevemente los recuerdos dolorosos del caos, pero no las experiencias mismas ya que ahí donde te encuentras ahora ya no es posible, y entonces serás como un cachorro alocado y feliz que sale del río y se sacude. Y cada gota que expulsaras se llevaría todos los automatismos que hayan forjado tus armas y tu armadura: el desafío, la agresividad, el sadismo, la frustración, la paranoia, la compensación, el masoquismo, la espera, el aislamiento, la autodestrucción, etc…., así como todos los filtros habituales de la personalidad que esconden los miedos.

http://www.urantia-gaia.info/2012/01/16/el-pequeno-breviario-del-ego/

 

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